DocLuis Salud MentalDr. Luis González Sánchez

¿Psicólogo y no te funcionó?Qué esperar

Esta no es la consulta de un psiquiatra ni la de un psicólogo. Es las dos cosas en la misma hora, con la misma persona: un médico con ocho años de capacitación en psiquiatría y en terapia cognitivo-conductual.

Cómo es la consulta

En la misma cita se hacen la parte médica y la parte de terapia, y las dos se deciden con la misma información. No tienes que ir a dos consultorios ni contar la historia dos veces. La parte médica es ver si lo que te pasa tiene algo físico detrás (la tiroides, el sueño, un medicamento que ya tomas, el alcohol o alguna sustancia), si hace falta medicamento y cuál, y revisar lo que ya tomas. La parte de terapia es ver qué piensas, qué haces y qué es lo que mantiene el problema en pie, y qué se puede mover desde esta semana.

Si hace falta medicamento, te digo para qué es, cuánto tiempo, qué vas a notar y cuándo, y qué efectos puede dar. Si no hace falta, no se receta. La terapia no es “platicar a ver qué sale”: es entender los mecanismos que ocasionaron tu problema para saber resolverlos.

Vas a estar en un sillón cómodo, en un consultorio privado y sin prisa: la consulta dura entre 60 y 90 minutos. Si es por videollamada, es lo mismo desde donde estés, con cámara y micrófono. No hay un cuestionario de cien preguntas ni una pantalla entre tú y yo. Se platica. Lo que necesito saber te lo pregunto conforme va saliendo, y puedes decir las cosas como te salgan, con tus palabras y en el orden que te venga.

Cómo trabajo los problemas

  1. Tu historia clínica

    Primero me cuentas qué pasó, desde cuándo y por qué viniste ahora y no antes, porque ese “ahora” casi siempre dice más que el problema. También qué ya probaste, qué tomas, cómo duermes y qué hay en tu familia. Con tus palabras y en el orden que te salga.

  2. El mecanismo

    Con eso buscamos cómo una cosa llevó a la otra, porque lo que sientes sale de lo que piensas, y lo que piensas sale de algo que aprendiste a creer en algún lado. O sea, el problema no cayó del cielo: tiene piezas, y hay una que lo mantiene en pie.

  3. La explicación del mecanismo

    Te lo explico en palabras de todos los días, con tus propios datos y sin términos de consultorio, hasta que lo puedas repetir con las tuyas. Si lo que tienes trae nombre te lo digo, pero el nombre no se trabaja. Lo que se trabaja es la pieza que lo sostiene.

  4. La valoración

    Reviso si hay algo físico detrás, porque la tiroides, el sueño, un medicamento o el alcohol pueden dar lo mismo que un problema emocional, y si hace falta un estudio te digo cuál y para qué. Después te pido un número del 0 al 10 de cómo estás hoy, porque sin número no se sabe si esto mejora o nomás se siente.

  5. El tratamiento

    Terapia y, si hace falta, medicamento. Si no hace falta, no se receta. Y si sí, te digo para qué es, cuánto tiempo, qué vas a notar y cuándo, y qué efectos puede dar, porque un medicamento que no entiendes es un medicamento que dejas a las 2 semanas.

  6. Entre citas

    Te llevas una sola cosa para probar antes de la siguiente cita, chiquita y con su hoja para que no se te olvide. Y cuando regreses lo medimos con el mismo número del 0 al 10, para que no sea cuestión de sentirlo: si mejoró, seguimos por ahí, y si no, ajustamos el plan.

Explicación y solución

Lo que buscamos en la consulta es la explicación: qué mecanismo se descompuso y por qué, no un nombre que te etiquete. Lo que sientes no aparece de la nada, siempre hay algo que lo produce y algo que lo mantiene, y casi siempre es más simple de lo que parece desde adentro. Cuando entiendes cómo funciona lo que te pasa, deja de ser un misterio contigo y se vuelve un problema con partes. Y de ahí sale la solución: se arregla la parte que lo mantiene, una a la vez, y en cada cita se mide si se movió.

Ejemplo

Problema de reciprocidad severa

Hay gente que aprendió a dar antes de aprender a pedir. Crecieron en una casa donde se les quería mientras servían: la que calienta la comida de todos y nadie le pregunta si ya comió, la que cuida a los hermanos mientras los papás resuelven lo suyo. Lo cuentan como una infancia normal, y ahí está la raíz: a esa edad ya entendieron que uno tiene lugar mientras es útil, y nadie les enseñó otra forma de tenerlo.

Con esa regla escogen pareja, y por eso terminan con alguien entre abusivo e injusto, de los que toman y no devuelven. Prestan dinero que nunca cobran, contestan el teléfono a las dos de la mañana y a ellas nadie les contesta, preguntan “¿y tú cómo estás?” y nadie se los pregunta de vuelta. Nunca dicen que no, y no se van: ese trato es el único que conocen.

En el trabajo es igual, hasta que se caen, y entonces se van “para no afectar a nadie”. Es la única vez que ponen un límite, y se lo ponen a ellas mismas. Cuando ya no pueden dar, se quitan: del trabajo, de la gente, de las llamadas, y algunas estuvieron a punto de quitarse de todo.

Lo que les queda es un cuerpo que cobra: dolores, insomnio, cansancio. Van al médico por eso y cuentan la mitad, lo del cuerpo, y se callan lo demás para no molestar.

La falta de reciprocidad no se nota mientras la persona pueda seguir dando. Se nota el día que ya no puede, y ese día lo primero que hace es desaparecer.


Preguntas diagnósticas

Los ejercicios

En cada cita se deja un solo tipo de ejercicio para hacer en casa. Son ejercicios con un nivel de dificultad adaptado al paciente, y siempre una acción concreta, no una idea. Se le dice qué va a hacer, en qué momento del día y cuántas veces, y se le entrega ahí mismo una hoja impresa con los pasos, para que no tenga que acordarse de nada. Además, el progreso se va cuantificando de una cita a otra. Cuando por alguna razón el avance se detiene, o el ejercicio ya le sale sin esfuerzo, se cambia por el siguiente. Antes no, porque el que todavía cuesta es el que está sirviendo.

Siguiendo el mismo ejemplo, con un problema de reciprocidad severa se trabajan ejercicios puntuales de decir, pedir y recibir.

Y con eso claro, los ejercicios, uno por cita:

Los ejercicios

  1. El mensaje que no pide nada. Mandar algo tuyo es como poner un anuncio: lo pones y ves quién llama. No persigues al que no llama ni le mandas un segundo anuncio. En dos semanas vas a tener una lista de quién contesta cuando tú no pides nada, y esa lista vale más que cualquier cosa que yo te pueda decir de la gente que te rodea.Cómo funciona: quitas el favor y ves quién se queda.Qué hace por la reciprocidad: te enseña quién devuelve y quién solo recibe.
  2. El “bien” prohibido. “Bien” es como poner el teléfono en “ocupado”: la otra persona ya no puede entrar aunque quiera. Un hecho de tu día (“hoy no dormí”) es dejar la puerta abierta. Lo que sigue ya no depende de ti: si la otra persona entra o no, eso te dice algo de ella, no de ti. Vas a descubrir que mucha gente no entra. Eso no es que no te quieran: es que llevan años viendo tu puerta cerrada y ya no la tocan.Cómo funciona: le das al otro algo de dónde agarrarse.Qué hace por la reciprocidad: por fin pones algo que el otro pueda devolver.
  3. Contar sin que te pregunten. Es lo que hace cualquiera que llega a la oficina y dice “qué tráfico había”, sin que nadie le haya preguntado por el tráfico. No está molestando: está estando. Tú llevas años esperando a que te pregunten para existir, y la gente dejó de preguntar. Contar sin permiso es recuperar el primer paso, el que te falta.Cómo funciona: tú abres la conversación en vez de esperarla.Qué hace por la reciprocidad: dejas de ser solo la que escucha.
  4. Tú cuelgas. Terminar una plática cuando tú quieres no es dejar a nadie tirado. Es como salir de una tienda cuando ya compraste lo que ibas a comprar: la tienda sigue abierta, el que atiende sigue bien, y tú te llevas tu tiempo. Hoy te quedas hasta que el otro se cansa, y eso te cuesta horas que nadie te devuelve. El número del 0 al 10 que vas a apuntar no mide si lo hiciste bien: mide cuánto te cuesta hoy irte de un lugar, y ese número va a bajar.Cómo funciona: cada vez que te vas, irte cuesta menos.Qué hace por la reciprocidad: dejas de regalar tiempo que nadie te devuelve.
  5. “Eso no me gustó”. Es ponerle etiqueta de precio a las cosas. Cuando algo no tiene etiqueta, la gente se lo lleva gratis y ni se entera de que costaba. “Eso no me gustó” es la etiqueta: les dices cuánto cuesta eso contigo. No es un reclamo, no es una pelea, y no necesita explicación, igual que un precio no necesita explicación. Lo que el otro haga con el precio es asunto suyo.Cómo funciona: el otro se entera de que eso te costó.Qué hace por la reciprocidad: lo que das deja de ser gratis para ellos.

La primera cita y las siguientes

Qué traer. Los medicamentos que tomas, con dosis, aunque no sean para esto (la caja o una foto, mejor), y no suspendas nada antes de la cita. Estudios, recetas o diagnósticos anteriores, si los tienes. Si eres menor de 18 años, vienes con tu madre, padre o tutor. Y, si quieres, una lista corta de lo que no se te puede olvidar decir: en consulta se olvidan cosas, y la lista las rescata.

Si tu cita es por videollamada. Entra 15 minutos antes en docluis.com/videollamada y permite cámara y micrófono; te atiendo en cuanto entre a la sala. Busca un lugar donde puedas hablar sin que te oigan, unos audífonos ayudan, batería cargada y, si puedes, wifi. Si la llamada se corta, vuelve a entrar al mismo enlace. Es una consulta igual que en el consultorio: misma duración, mismo trabajo, misma confidencialidad.

Las citas siguientes. Arrancan desde donde nos quedamos y con lo que quedó pendiente; si hay una situación nueva e importante, se atiende primero. Si el problema permite calcular un número aproximado de citas, se te da un rango aproximado* en el que se puede resolver, y si hay medicamento, se revisa cómo te fue con él.

*Varía en algunas pocas ocasiones, porque el problema puede ser más complejo de lo que aparenta al inicio.

Lo que digas se queda aquí. Lo que cuentes en consulta es confidencial y se guarda conforme a la ley. Las únicas excepciones son las de siempre: riesgo para tu vida o la de alguien más, o un requerimiento legal. Está detallado en el aviso de privacidad.

Si algo cambia. Si no puedes llegar, cambia la fecha desde la liga “Para reagendar” de tu WhatsApp o escríbenos al +52 878 335 5526. No hay cargo por cambiarla. Antes de la cita te llegan dos recordatorios.

Si hay riesgo inmediato para tu vida o la de alguien más, llama al 911 o a la Línea de la Vida, 800 911 2000, disponible las 24 horas. Después, comunícate con nosotros al +52 878 335 5526.
WhatsApp